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COP26 & Sostenibilidad con Silvia Pavoni

Desde noviembre de 2021, las empresas han estado procesando lo que la COP26 significa para sus negocios y determinando sus políticas sobre finanzas sostenibles e inversiones ASG.
Headspring
Apr 7, 2022

Headspring habló con Silvia Pavoni, editora y fundadora de Sustainable Views en el Financial Times, sobre el éxito de la COP26 y sobre lo que están haciendo las empresas para reducir su huella de carbono.

Hace más de cinco meses que se celebró en Glasgow la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021, la COP26. Al establecer la agenda global para la próxima década, los líderes mundiales se comprometieron a mantener el aumento de la temperatura global dentro de 1,5 °C, entre otros compromisos sobre futuras acciones en torno al cambio climático y la sostenibilidad.

Lo que se consiguió en la COP26, y si se puede considerar positivo o negativo, es muy discutido, y muchos lo tildan de oportunidad perdida, afirma Silvia Pavoni.

«Algunos de los anuncios y reflexiones sobre la deforestación, por ejemplo, fueron positivos. Pero ciertos objetivos fijados por los gobiernos no llegaron a tener un impacto real. Sin embargo, es justo decir que por primera vez el sector de los servicios financieros estuvo muy presente, a menudo impulsando el debate y asumiendo compromisos».

«Se pueden mirar desde el cinismo y pensar que es fácil hacer grandes anuncios rodeado de importantes representantes del gobierno y de sus pares. La verdadera prueba es si estas empresas y sus jefes de finanzas están dispuestos a cumplir sus compromisos».

«En Glasgow fue interesante escuchar el anuncio sobre la creación de la llamada GFANZ».

La Alianza Financiera de Glasgow para el Cero Neto (GFANZ, por sus siglas en inglés) es una coalición global de instituciones financieras líderes en la Carrera hacia el Cero de la ONU que se compromete a acelerar e integrar la descarbonización de la economía mundial y a alcanzar las emisiones netas cero para 2050.

«Tenemos muchas empresas, muchos gestores de activos, propietarios de activos y bancos en el camino hacia el cero neto. En total, esas empresas representan activos por valor de 130 billones de dólares. Dicen que están dispuestas a entrar en acción para alcanzar esos objetivos de emisiones netas cero, aunque todavía es muy pronto para ver hacia dónde vamos con ello. Pero ha sido un indicio interesante de que el debate pasa de los gobiernos al sector privado y ahora a los servicios financieros».

Mirando al sector privado en general, ¿cuáles son los principales problemas para las empresas? Según Silvia, la transparencia es un tema importante para asegurarse de que las empresas rindan cuentas y sepan lo que ocurre a lo largo de sus cadenas de suministro.

«Los legisladores europeos tienden a adoptar un enfoque más monetario«, dice. «Por ejemplo, la UE ha elaborado una propuesta que obligará a las empresas a rendir cuentas por las violaciones de los derechos humanos que se produzcan a lo largo de sus cadenas de suministro. Pero, ¿cómo se realiza el seguimiento de esa información y se consigue que se divulgue adecuadamente y que luego las autoridades puedan tomar medidas para garantizar que ninguna infracción quede impune? Ese es uno de los muchos retos a los que se enfrentan las empresas y los legisladores. Y luego va más allá, examinando la forma en que se fabrican los productos, el envase que los contiene y los canales de distribución».

Europa está siendo prolífica en la introducción de legislación. La taxonomía de la UE para las actividades sostenibles (es decir, la «taxonomía verde») es un sistema de clasificación establecido para aclarar qué inversiones son sostenibles desde el punto de vista medioambiental en el contexto del «Green Deal« europeo. El objetivo de la taxonomía es evitar la ecoimpostura y ayudar a los inversores a tomar decisiones más ecológicas.

«Es un proyecto muy, muy grande«, dice Silvia. «Esa taxonomía también viene acompañada de un elemento de divulgación, así que no solo define lo que es ecológico, sino que también dice cómo divulgarlo. Y es importante observar otras jurisdicciones, no solo la de la UE, que están empezando a ponerse al día. En China se está trabajando en torno a la taxonomía verde. Está claro que es el mayor contaminador del mundo e, igualmente, debido a su tamaño, China es potencialmente capaz de hacer que cambien las cosas».

Dirigirse a los servicios financieros

¿Cuáles son las obligaciones, los objetivos y los retos a los que se enfrentará el sector de los servicios financieros para cumplir las normas medioambientales?

Algunos de los objetivos son autoimpuestos, dice Silvia. Pero también provienen de las presiones impuestas por los inversores, por los accionistas y también por el público. «Sería difícil encontrar una gran empresa en el sector manufacturero, o incluso en el de la energía y los servicios financieros, que no tenga una política relacionada con los factores medioambientales, sociales y de gobernanza, o una política que se dirija hacia el cero neto».

Pero para una empresa de servicios financieros, podría decirse que la mayor parte de la contribución a las emisiones de CO₂ proviene del dinero que se presta a las empresas o -en el caso de un gestor de activos- se invierte.

«Es realmente importante que vigilen lo que hacen en este sentido. Muchas empresas de servicios financieros tendrán políticas de exclusión contra el trabajo con ciertas empresas que operan en determinados sectores. Pero tienen que empezar a hacer preguntas a sus clientes empresariales sobre cómo gestionan sus cadenas de suministro, cómo es su política medioambiental, hasta llegar a cuestiones que entrarían en el ámbito del piloto ESG».

«Aunque las empresas altamente contaminantes pueden verse privadas de obtener capital de los bancos que tienen estas políticas de exclusión, probablemente seguirán encontrando otras instituciones que estén dispuestas a prestarles dinero o a invertir en ellas cuando haya un movimiento creciente hacia las emisiones de bonos climáticos o verdes».

Los críticos dirán que se habla más que se hace, sostiene Silvia Pavoni. Pero cuando se trata de cumplir con los requisitos reales de los reguladores, se enfrentarán, por ejemplo, a la regulación de la divulgación financiera procedente de la UE: la directiva de financiación sostenible, SFDR, examina la forma en que los gestores de activos etiquetan los fondos para mostrar los detalles y los elementos sociales de su financiación ESG. Esto también garantiza el seguimiento de la acción y evita, al menos en teoría, la ecoimpostura.

«Algo súper importante está ocurriendo en el mundo de la contabilidad. El Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad creado por la Fundación IFRS estudiará estos elementos y cómo incorporar los factores de sostenibilidad ESG en la elaboración de informes y en la contabilidad».

«Pero creo que estamos muy lejos del punto en el que los préstamos ESG o las emisiones de bonos verdes se conviertan en préstamos normales. Nos estamos acercando, aunque muy poco a poco».

Hacia una economía más verde

¿En qué sectores puede un banco o un gestor de activos canalizar el capital que, en última instancia, tiene el mayor impacto positivo medioambiental y social?

La energía es el más obvio, dice Silvia. «Dado que existe una necesidad tan grande de tecnología renovable, para llegar a la fase en la que podamos sustituir eficazmente los combustibles fósiles sería bueno impulsar el capital hacia las nuevas empresas que están desarrollando tecnologías verdes. Pero cuando se piensa en la transición hacia una economía más ecológica, pueden producirse cambios graduales en todos los sectores. Así que es de vital importancia incluir a todos los sectores en este tipo de inversión de capital. No se trata de cambiar de sector, sino de examinar las cuestiones particulares de los lugares en los que se conceden préstamos, en los que se realizan transacciones, y ver realmente lo que se puede hacer en esos sectores concretos.

«Sin embargo, hay «sectores extremos» en los que los bancos evitan poner su dinero: por ejemplo, los combustibles fósiles extraídos mediante procesos altamente contaminantes. El petróleo del Amazonas ha sido la causa de una contaminación devastadora y de terribles consecuencias para los pueblos indígenas que viven en la parte ecuatoriana de la selva amazónica».

2030 … 2040 … 2050

¿Qué sensación tenemos sobre los plazos en los que las empresas pueden reducir su huella de carbono y cumplir los objetivos climáticos globales?

«Hay una gran presión para adelantar los objetivos del Acuerdo Climático de París de 2015, y empezamos a oír hablar de objetivos para 2030 y 2040. Para algunos, es bueno plantear un objetivo porque tiende a centrar las mentes», dice Silvia.

«Es muy fácil para el director general de una empresa o un político comprometerse con esos objetivos. Pero cuando hablas con los grupos ecologistas, muchos de ellos dicen que es ridículo comprometerse con algo como el año 2050. Sin embargo, hay una mayor presión pública, una mayor presión de los propietarios de activos -o de los fondos de pensiones que gozan de un horizonte temporal mucho más largo- para apretar los nudos de los compromisos corporativos. Eso es importante y apunta a algo que realmente puede ayudar a dar la vuelta a las cosas: si se cuenta con un «capital paciente», capaz de asumir potencialmente un pequeño golpe a corto plazo, frente a los que necesitan cumplir con los rendimientos financieros cada trimestre.

«En última instancia, depende del nivel de compromiso e inversión que se quiera poner para alcanzar esos objetivos, y de si alcanzar esos objetivos conlleva la contrapartida de los rendimientos financieros a corto plazo. Al fin y al cabo, estamos hablando de la presión positiva de los inversores».

 

Artículo escrito por David Wells y traducido por Cintia Hernández Marco, miembro del equipo de marketing de Headspring.

 

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